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   21 Marzo, 2010
Presencia Franciscana
 


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EL TEMPLO DE PIEDRAS VIVAS
El aporte franciscano al desarrollo espiritual y cultural de La Granja

En la tradición cristiana, el templo es un signo que nos remite la “casa espiritual”, a la comunidad, a la iglesia “de piedras vivas edificadas sobre Cristo”(1P2,4 ).
Al recorrer los 100 años de vida de nuestro templo, nos encontramos con numerosos rostros de hermanos franciscanos que, como  instrumentos generosos en las manos de Dios, con entusiasmo y dedicación, han entregado su tiempo y su vida en la construcción de la comunidad, contribuyendo sensiblemente al desarrollo espiritual y cultural de La Granja.

Un testigo calificado, por ser granjino y por el cargo que ocupa, don Claudio Arriagada Macaya, alcalde de la Ilustre Municipalidad de La Granja, en una nota de algunos años atrás, hacía referencia, con justicia, a “la grandiosa contribución que la orden franciscana ha realizado al desarrollo socio-cultural de nuestra comuna”, y afirmaba: “Los franciscanos con su labor misionera incansable, son y serán un referente vital para entender todo el fervor religioso y la bondad de la gente de La Granja”.

Decisivo, en este sentido, ha sido el traslado al convento de la Inmaculada Concepción de  la casa de estudios o Coristado, o sea del Seminario mayor de la Orden.
El seminario mayor, que tradicionalmente había funcionado en el convento de San Francisco de La Alameda, fue trasladado a La Granja en 13 de junio de 1913 y quedó allí hasta el 1963.  Esto significó el privilegio de una presencia numerosa y calificada de religiosos por la llegada de profesores y alumnos, que aseguró  un más intenso y más capilar servicio pastoral y de evangelización y un aporte incalculable a la vida espiritual y cultural de la Granja y sus alrededores.

.Es difícil hacer un balance de ese aporte de los franciscanos a la vida espiritual y cultural de las que son hoy las comunidades de La Granja y de San Ramón, más tratándose de un aporte a veces es muy sutil y difícil de concretizar y de cuantificar porque es fruto del Espíritu. Sólo intentaremos hacer memoria de algunos aspectos, en los cuales, nos parece, los franciscanos han focalizado mayormente su actividad.

La Evangelización
 
La capilla de adobes antes y el nuevo templo después, hasta su elevación a sede parroquial, fueron sobre todo un dinámico centro misionero, un centro de irradiación del evangelio en los fundos de alrededor y en las primeras poblaciones que se iban formando.

La preocupación principal era el anuncio del evangelio para inducir un cambio de mentalidad en la ruda población campesina de entonces y producir así, como decía el Padre Juan Bautista Díaz, la “regeneración espiritual” de La Granja.
Los momentos más intensos  de comunicación del evangelio eran seguramente  las misiones que se realizaban en los fundos y capillas de alrededor y que permitían llegar en forma capilar a toda la población.
Importante era también aquella evangelización más sistemática que se entregaba en la escuela, donde la formación cristiana era de prioritaria importancia. Y no hay que olvidar aquel anuncio más personalizado del evangelio que se daba en  los coloquios personales y en  la confesión. Tanta era la importancia que, por ejemplo, le asignaba a este instrumento de evangelización el padre Díaz que, por estatuto, exigía a los que querían entrar a la Hermandad del Carmen, la confesión mensual.
Estaba además toda la actividad pastoral ordinaria, sobre todo con el anuncio dominical del evangelio, que se ejercía en el templo y en varias capillas de alrededor ya que los franciscanos servían también las capellanías en Bellavista, El Castillo, La Castrina y otras.
Misiones, predicaciones, mes de María, catequesis sacramental, grupos y comunidades y otras actividades pastorales, florecieron por la ayuda y participación de la numerosa comunidad del coristado.

Ya hicimos alguna referencia, hablando del P. Díaz,  a la transformación que esta labor misionera obró en la  población de entonces.

Cuando la iglesia de la Granja fue elevada a la categoría de parroquia y teniendo la responsabilidad directa de un territorio, la acción evangelizadora se vio acrecentada con la atención a la catequesis en preparación de los sacramentos y sobre todo, a medida que la población iba aumentando, se hizo más capilar, alcanzando a las nuevas poblaciones que se iban formando, creando nuevas comunidades cristianas, con su capillas, varias de las cuales serán el origen de nuevas parroquias.
 Solo para tener una idea de la intensa labor pastoral que se desarrollaba, recogemos de una crónica  del 1983, un listado de las actividades y grupos presentes en la parroquia de la Inmaculada Concepción, en aquel año: “Se atiende la comunidad parroquial de la sede y las comunidades de  4 capillas. Hay 17 grupos juveniles y 6 más en las capillas; 200 familias en catequesis familiar; de 40 a 50 bautismos semanales; unos 30 matrimonios mensuales; hay OFS; 4 grupos de confirmación; talleres culturales; Comité de derechos humanos; Ayuda fraterna  que sigue y apoya a 350 familias; Club de ancianos; grupos de oración etc”.

La educación

Es incalculable el aporte que han dado los franciscanos a  la educación de la comuna de La Granja, desde la fundación de las primeras escuelitas del P. Díaz, cuando en la zona todavía no había llegado la educación pública, hasta la creación del Liceo San Francisco. A esto se hace referencia en otra parte de esta memoria.
Aquí sólo queremos recordar el remezón que trajo a los tranquilos vecinos de la Comuna la presencia de la escuela.
Sabemos que alrededor de una escuela se desarrolla una cantidad de actividades que son importantes para la vida social y cultural de la población como los infaltables actos académicos, desfiles, discursos, revistas de gimnasia, representaciones teatrales, actividades culturales para padres y vecinos etc. Algunas de estas actividades  tenían que ser particularmente atractivas si, como deja constancia una revista  de la época , a los actos de celebración de las Fiestas Patrias,  a los que los niños de la escuela participaban con su “banda de pitos”, concurrían vecinos de La Cisterna, Lo Espejo, Bellavista y, naturalmente, de La Granja.
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Agregación comunitaria
Otro aporte importante de los franciscanos, fue la  promoción de experiencias asociativas y  comunitarias donde los valores cristianos  eran vividos y continuamente reafirmados. Estas experiencias de grupo siempre han sido consideradas importantes en la pastoral católica, como apoyo para las personas en su empeño de perseverancia cristiana y en su proceso de maduración de la propia fe y también porque en estos grupos, la persona es iniciada en una experiencia progresiva de comunión, de participación y de corresponsabilidad  al interior de la comunidad y de la sociedad. Para muchos cristianos, la participación en estos grupos, ha sido el humus de donde ha surgido su compromiso apostólico y misionero  o su empeño social y político.

A la Hermandad del Carmen, fundada por el P. Juan Bautista, le sucederá en 1914 la “Juventud Antoniana, fundada por el P. R.B.  Berríos y que por muchos años será una verdadera escuela de formación para muchos jóvenes de la Granja y una validísima ayuda en la tarea misionera,  especialmente con la catequesis en las poblaciones alejadas del templo además de ser un laboratorio de muchas iniciativas culturales y artísticas.
El padre Bustos, guardián del convento del 1913 al 1918, nos deja una lista de los grupos e instituciones que ya  por entonces funcionaban en la iglesia de la Inmaculada Concepción: Orden franciscana Seglar, Juventud Antoniana; Sociedad del Sagrado Corazón, Catecismo dominical, Escuelas para niños y niñas.
También había  dos Centros de la Unión Nacional, uno en la Granja y otro en la Cisterna, que tenían proyección social y política, para hacer partícipes sus componentes en la vida democrática del país.
En 1918 se funda un club de fútbol, el Rogelio Bacón  F:C., dirigido por el P. Cornejo, quedando como Presidente Honorario D. Tomás Eastman.
Más tarde, cuando en los fundos El Rosal y La Carmelina se organiza un Sindicato Agrícola  Católico, allí estarán los religiosos del convento franciscano, apoyando y actuando como asesores: ellos mismos reparten  500 ejemplares impresos de los estatutos. Son de imaginar las dificultades e incomprensiones con que chocaron esos noveles sindicalistas cuando por ese entonces nadie hablaba de sindicalización campesina. Por supuesto que la adhesión a ese sindicato católico llevaba consigo el rechazo “de las doctrinas impías y anárquicas de la Federación obrera” comprometiéndose a “no alistarse jamás bajo los estandartes rojos de rebelión y de muerte”.
Pasarán los años, cambiarán las condiciones y habrá otras exigencias y otras orientaciones pastorales, pero el espíritu comunitario seguirá vivo. Ya recordamos que 1983, en la parroquia Inmaculada Concepción, había una fraternidad OFS., 23 grupos juveniles además de los grupos de confirmación; varios talleres culturales; un Comité de derechos humanos; un grupo de Ayuda fraterna que seguía y acompañaba a 350 familias; un Club de Ancianos; varios grupos de oración, etc.

La cultura
Podemos afirmar que el  “Teatro del Convento”, como era llamado, construido en 1914, fue de hecho el primer “centro cultural” de La Granja y de toda la zona de alrededor. Allí tuvieron lugar innumerables actividades culturales como exposiciones, conferencias, conciertos etc., y, especialmente al principio, se realizaron muchas representaciones teatrales dando la posibilidad a muchos jóvenes de ejercitarse en el arte dramático. Más tarde el Teatro del Convento sirvió para pasar las primeras películas que  la comunidad del lugar conoció.
Con todo, no se puede comprender el aporte franciscano a la vida cultural de la Granja, sin la referencia a la presencia en el lugar de la de la casa de estudios o coristado.  La numerosa y selecta comunidad que vivía allí, no sólo aportó significativamente a los aspectos pastorales y religiosos, sino que trajo también una nota de vivacidad, de novedad y de profundidad en el ambiente cultural de la comuna.
Al interior de la comunidad formativa, muy pronto creció el prestigio de maestros y alumnos y esto no podía no influir aunque de forma muy sutil en el ambiente cultural del lugar.
Tomemos, como ejemplo, el programa de una fiesta en honor del Ministro Provincial: actuación de la Orquesta P. Hartmann, formada por estudiantes del coristado, que ejecuta músicas de Beethoven, Mozart y Mendelson, además de una pieza original de uno de los estudiantes; discursos en latín, en alemán, en francés; recitaciones de un salmo en hebreo  y de una poesía en griego.
La citada orquesta, también servía para solemnizar actos culturales y religiosos, de manera que, con la presencia de esta casa de estudios, ganó también la liturgia: maitines cantados, misas solemnes, celebraciones de semana santa cantadas, melodías gregorianas, cantos polifónicos, etc., todo eso alegraba el espíritu de quien concurría a la iglesia de La Inmaculada Concepción.

Y para mejor proyectar hacia afuera el ambiente que se vivía interiormente, la comunidad empezó a publicar una revista de pequeño tamaño llamada Las Brisas, que salió a luz durante cinco años. Estaba directamente dirigida a los habitantes de La Granja. Entre las secciones de la revista había una que se llamaba “Voquibles”, que tenía como fin, “corregir las palabras que se usan mal en la Comuna” para que así los vecinos de La Granja hablen tan bien “como los de la Alameda”. El periódico La Semana de Rancagua así daba cuenta de la aparición de la revista. ”Últimamente ha aparecido en La Granja una revista literaria con el título Las Brisas. Bien redactada, inteligentemente dirigida, junto a una presentación  elegante, esta revista se hace leer con agrado desde el principio hasta el fin”.

En la década del 40 del siglo pasado, los estudiantes sacan a luz una nueva revista, que llamaron Albores Franciscanos, que servía para ejercer la pluma de los estudiantes y para comunicar noticias, muy leída por los vecinos que así encontraban una fuente de información más cercana.
 


 
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